La artista Olga Burkard posa junto a sus obras durante una exposición en Galería Claroscuro, Ciudad de México.

Olga Burkard: la artista que aprendió a ver entre México y Suiza

La artista visual Olga Burkard presenta en Galería Claroscuro una investigación artística donde pintura, fotografía, dibujo digital y tecnología conviven para crear ecosistemas imaginarios. En esta conversación con The Book of Life Magazine reflexiona sobre el arte, la ciencia, la observación y la coexistencia como una metáfora de la vida.

Entre la precisión del diseño suizo y la libertad del arte contemporáneo, Olga Burkard ha construido un lenguaje donde pintura, fotografía y tecnología dejan de competir para comenzar a dialogar.

Hay artistas que hablan de su obra.

Sin embargo, hay otros que, casi sin darse cuenta, terminan hablando de la vida.

Con Olga Burkard ocurrió algo distinto. La videollamada que habíamos planeado como una entrevista introductoria terminó convirtiéndose en una conversación de casi dos horas donde aparecieron la memoria, la ciencia, la observación, el error, la creatividad, la migración, la familia y el arte como una forma de comprender el mundo.

En varios momentos la conversación dejó de parecer una entrevista. Ambos comenzamos a compartir experiencias, referencias, maestros, viajes y preguntas que iban mucho más allá de una próxima exposición. La sensación era la de dos personas intentando comprender cómo nacen las imágenes y qué lugar ocupa la creatividad en una época dominada por la velocidad, la tecnología y la inteligencia artificial.

Ese diálogo confirmó algo que resulta evidente al recorrer su trabajo: Olga Burkard no construye únicamente imágenes abstractas. Construye relaciones.

Su obra habla de la convivencia entre sistemas visuales, pero también entre culturas, disciplinas, personas y formas de pensamiento. En ella, la pintura dialoga con la fotografía, el dibujo digital conversa con el gesto manual y la precisión científica encuentra un inesperado punto de encuentro con la intuición artística.

Nada aparece aislado.

Todo existe porque algo más lo transforma.

Precisamente esa idea se convertirá en el eje de su exposición Sistemas Vivos: ecologías de la imagen, que se presentará en Galería Claroscuro, en la Ciudad de México, del 23 de julio al 20 de agosto de 2026, una muestra que reúne el momento más reciente de una investigación artística desarrollada entre México y Suiza.

Aprender a ver

Antes de convertirse en artista visual, Olga Burkard aprendió algo mucho más difícil: aprender a observar.

Durante nuestra conversación recordó uno de los momentos que terminarían transformando toda su carrera.

Después de estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, obtuvo una beca para continuar su formación en la prestigiosa Basel School of Design (Schule für Gestaltung Basel), una institución considerada uno de los grandes referentes internacionales del diseño moderno y heredera del pensamiento visual suizo que revolucionó la comunicación gráfica durante el siglo XX.

Fue ahí donde escuchó una frase que todavía hoy guía cada una de sus decisiones creativas.

“Aquí van a aprender a ver.”

Aquella afirmación parecía sencilla.

Sin embargo, escondía una filosofía completa.

En lugar de producir proyectos de manera acelerada, sus profesores les pedían permanecer durante semanas —e incluso meses— observando un mismo objeto.

Olga recuerda especialmente un ejercicio donde eligió un pequeño trozo de tela.

Durante meses lo dibujó con lápiz, después con tinta, más tarde con pintura, lo fotografió bajo distintas condiciones de luz, experimentó con tipografía, lo convirtió en animación, analizó su textura, su sombra, sus cambios de volumen y las posibilidades gráficas que escondía un objeto aparentemente insignificante.

No se trataba de aprender técnicas, se trataba de entrenar el ojo.

Aquellos ejercicios le enseñaron que mirar no consiste únicamente en registrar información.

Mirar significa descubrir relaciones invisibles.

Ese aprendizaje permanece hoy en toda su producción artística.

Cada una de sus piezas parece invitar al espectador a detenerse unos minutos más de lo habitual.

No basta con observarlas rápidamente.

Hay que habitarlas.

Hay que permitir que la mirada encuentre lentamente nuevas conexiones.

Como ella misma explica:

 

“Entre más tiempo observas una obra abstracta, más cosas empiezas a descubrir.”
— Olga Burkard

 

México y Suiza: una misma identidad

Resulta tentador pensar que la obra de Olga Burkard nace del contraste entre México y Suiza.

Sin embargo, ella misma rechaza esa idea.

“No los veo como dos países distintos”, dice con absoluta naturalidad.

“Cuando estoy en México me siento mexicana. Cuando estoy en Suiza me siento suiza.”

La artista Olga Burkard trabaja en su estudio rodeada de pinturas y procesos de creación visual.
El estudio de Olga Burkard funciona como un laboratorio visual donde conviven pintura, fotografía, dibujo digital e impresión. Foto: cortesía de Olga Burkard mediante Galería Claroscuro.

 

Su historia comienza en la Ciudad de México.

Su padre era un químico suizo.

Su madre, una diseñadora de modas mexicana.

Curiosamente, cuando se conocieron ninguno hablaba el idioma del otro.

Él hablaba alemán.

Ella español.

Aun así, se enamoraron.

Aquella convivencia entre dos culturas distintas marcó profundamente la manera en que Olga entendería el mundo décadas más tarde.

Su infancia transcurrió entre playas mexicanas, campamentos, naturaleza, primos, largas vacaciones familiares y una casa donde la ciencia convivía con el diseño, la sensibilidad artística con el pensamiento racional y la disciplina europea con la calidez mexicana.

“Aprendí que las cosas pueden ser más de una cosa al mismo tiempo.”

La frase parece sencilla.

Sin embargo, resume prácticamente toda su investigación artística.

Mientras muchas personas entienden el mundo desde las oposiciones —analógico o digital, ciencia o arte, México o Suiza, tradición o innovación—, Olga descubrió desde muy pequeña que los sistemas pueden convivir sin perder su identidad.

Décadas después, esa misma intuición terminaría convirtiéndose en el corazón conceptual de toda su obra.

“Aprendí que las cosas pueden ser más de una cosa al mismo tiempo.”
— Olga Burkard

Cuando el arte nació de la convivencia

Durante nuestra conversación hubo un momento que me hizo comprender que el tema central de su obra no es la abstracción.

Retrato de la artista visual Olga Burkard en su estudio de Ginebra, rodeada por algunas de sus obras recientes.
Olga Burkard en su estudio de Ginebra, espacio donde pintura, fotografía, dibujo digital e impresión convergen en un mismo proceso creativo. Imagen cortesía de Olga Burkard mediante Galería Claroscuro.

Tampoco la tecnología.

Ni siquiera la pintura.

Es la convivencia.

Le pregunté si cuando hablaba de “sistemas” se refería únicamente a procesos visuales.

Su respuesta fue inmediata.

“No.”

“La convivencia también habla de personas, de culturas, de familias y de formas de pensar.”

Entonces comprendí que aquellas estructuras orgánicas que aparecen en sus imágenes no representan únicamente organismos imaginarios.

También representan su propia historia.

La historia de una mujer formada entre dos continentes.

Entre dos idiomas.

Entre la ciencia y el arte.

Entre el diseño y la pintura.

Entre la precisión suiza y la libertad mexicana.

Y, quizá por eso, sus imágenes nunca parecen enfrentamientos.

Siempre parecen encuentros.

Del diseño a la creación: cuando el arte dejó de ser un destino lejano

Durante buena parte de su vida profesional, Olga Burkard no imaginó que algún día sería reconocida como artista visual.

Al contrario.

Durante muchos años veía el mundo del arte como un territorio reservado para otros. Los grandes nombres de los museos, las galerías y las colecciones parecían pertenecer a una esfera lejana, casi inaccesible.

“Siempre vi a los artistas como algo muy grande, muy difícil de alcanzar”, recuerda.

Paradójicamente, el camino que terminaría llevándola al arte comenzó en el diseño.

Después de concluir sus estudios en México y especializarse en Suiza, Durante más de dos décadas trabajó en diseño y comunicación visual, desarrollando proyectos para la industria farmacéutica, instituciones financieras y organizaciones internacionales antes de dedicarse de tiempo completo a su práctica artística.

Su formación dentro de la tradición del diseño suizo le enseñó a sintetizar, estructurar y construir lenguajes visuales precisos. Sin embargo, también despertó una inquietud permanente por experimentar más allá de las reglas.

La creatividad nunca permaneció quieta.

Siempre buscó nuevos caminos.

Olga Burkard observa varias de sus pinturas en su estudio de Ginebra durante el proceso creativo.
Antes de dar por concluida una pintura, Olga Burkard la confronta con otras piezas para descubrir nuevas relaciones visuales. La observación forma parte esencial de su práctica artística. Imagen cortesía de Olga Burkard mediante Galería Claroscuro.

Azul Morris y el descubrimiento del mundo artístico

Aunque hoy resulta difícil imaginarlo, hubo un momento en que Olga todavía no se veía a sí misma como artista.

Ese cambio comenzó durante su regreso a México, después de concluir sus estudios en Basilea.

Trabajó junto a la reconocida diseñadora Azul Morris, cuya oficina desarrollaba importantes proyectos editoriales para museos, instituciones culturales y algunos de los artistas más relevantes del país.

Aquella experiencia representó mucho más que un empleo.

Fue una puerta de entrada al ecosistema artístico mexicano.

Durante años, México ha construido una escena artística donde galerías, museos y diseñadores han trabajado de manera conjunta para fortalecer el ecosistema cultural.

“Azul me abrió las puertas del mundo del arte”, recuerda.

En aquel taller no solo diseñaban libros y catálogos.

También convivían con los artistas.

Escuchaban sus ideas.

Observaban cómo hablaban de sus procesos.

Veían nacer exposiciones desde dentro.

Fue ahí donde Olga comenzó a descubrir que detrás de las grandes obras existían personas reales.

Artistas que dudaban, que experimentaban, que cambiaban de opinión que construían su trabajo todos los días.

Uno de los proyectos que más recuerda fue la realización de un catálogo para Vicente Rojo.

Aquellas páginas dejaron una impresión profunda.

No solo admiraba la potencia visual de su trabajo.

También la cercanía con la que pudo conocer al artista y comprender que la creación era, antes que cualquier otra cosa, una práctica cotidiana.

Su encuentro con Vicente Rojo también representó una oportunidad para comprender la estrecha relación entre diseño, edición y artes visuales en México.

“A partir de ahí pensé que quizá algún día también podría hacer algo así.”

La idea quedó sembrada.

Tardaría todavía muchos años en florecer.

Cuando la ciencia comenzó a formar parte del arte

Existe otro hilo conductor que atraviesa toda la obra de Olga Burkard y que pocas veces aparece en una primera lectura de sus imágenes.

La ciencia.

Aunque ella insiste en que nunca fue científica, reconoce que prácticamente toda su vida ha estado rodeada por ese universo.

Su padre era químico.

Su esposo es biólogo molecular.

Su hija es doctora.

Su hijo es ingeniero molecular.

Además, durante más de veinte años trabajó desarrollando proyectos de comunicación para la industria farmacéutica.

Lejos de intimidarla, ese entorno despertó una curiosidad permanente.

Esa relación entre disciplinas recuerda otros proyectos donde el arte dialoga con la investigación científica.

“No me interesa la ciencia como disciplina en sí. Me fascina imaginar cómo funciona la vida desde adentro.”

La frase resume buena parte de su imaginario visual.

En lugar de representar paisajes reconocibles, Olga comenzó a imaginar estructuras invisibles.

Moléculas, membranas, organismos, células, procesos microscópicos que nunca vemos, pero que sostienen toda forma de existencia.

Aquella fascinación dio origen a una de sus primeras investigaciones artísticas.

Olga Burkard junto a dos de sus pinturas en su estudio de Ginebra, donde desarrolla sus series de arte contemporáneo.
En la práctica artística de Olga Burkard, cada pintura dialoga con las demás para construir un ecosistema visual en constante transformación. Imagen cortesía de Olga Burkard mediante Galería Claroscuro.

Unseen Lives: imaginar aquello que permanece invisible

Su primera gran serie recibió un nombre profundamente revelador.

Unseen Lives (La vida invisible).

El proyecto surgió como una exploración completamente digital inspirada en aquello que ocurre debajo de nuestra percepción cotidiana.

Las imágenes no pretendían ilustrar organismos científicos.

Tampoco eran representaciones biológicas.

Eran interpretaciones poéticas de la vida microscópica.

Ecosistemas imaginarios donde cada forma parecía pertenecer a un universo todavía desconocido.

“Parecen cosas conocidas, pero al mismo tiempo no existen.”

Ese equilibrio entre familiaridad y extrañeza continúa siendo una de las características más interesantes de su trabajo.

El espectador cree reconocer algo.

Una célula, una planta, una raíz, una membrana, un mapa.

Pero nunca termina de identificar exactamente qué está viendo.

Y precisamente ahí comienza la experiencia.


Obra de Olga Burkard perteneciente a la serie Coexistencia, una investigación visual que integra pintura, dibujo digital y estructuras orgánicas presentada en Galería Claroscuro.
Una de las pinturas de la serie Coexistencia, donde Olga Burkard explora la convivencia entre sistemas visuales, procesos orgánicos y abstracción contemporánea. Cortesía de Galería Claroscuro y la artista.

Un punto, una línea… y un universo entero

Mientras muchos artistas parten de imágenes complejas, Olga Burkard construye sus composiciones desde la máxima simplicidad.

Todo comienza con dos elementos.

Un punto, y una línea, después aparecen las variaciones, las repeticiones, las deformaciones, las superposiciones, los desplazamientos, las escalas.

Lo extraordinario es que, a partir de ese vocabulario mínimo, logra generar estructuras de enorme riqueza visual que recuerdan organismos vivos, cartografías imposibles o sistemas biológicos en constante transformación.

Durante nuestra conversación hizo una observación especialmente reveladora.

Con el tiempo comprendió que esos puntos y líneas también dialogaban con otro lenguaje.

El digital, cero y uno, la lógica binaria.

No fue una decisión consciente desde el inicio.

La descubrió años después.

Como ocurre con muchas investigaciones artísticas, primero apareció la intuición.

La teoría llegó más tarde.


Obra de Olga Burkard de la serie Coexistencia, presentada en Galería Claroscuro. La pintura explora la convivencia entre estructuras orgánicas, abstracción y procesos visuales contemporáneos.
Obra de la serie Coexistencia de Olga Burkard, donde la artista investiga el diálogo entre pintura, dibujo digital y formas orgánicas. Cortesía de la artista y Galería Claroscuro.

Tecnología y pintura: una falsa oposición

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación fue descubrir que Olga no entiende la tecnología como un universo separado del arte tradicional.

Para ella no existen fronteras.

En su estudio conviven una computadora, un iPad, pinceles, pigmentos, impresiones fotográficas y cámaras.

No trabaja primero en un medio y después en otro.

Todos forman parte del mismo proceso.

Pinta, fotografía, digitaliza, imprime, interviene, vuelve a pintar, escanea nuevamente, cada herramienta transforma a la anterior.

Cada disciplina modifica el resultado.

Cada sistema enriquece al siguiente.

“Yo no las veo como disciplinas separadas; son herramientas dentro de una misma práctica artística.”

Esa afirmación resume buena parte de la filosofía que sostiene toda su producción.

No existe una jerarquía entre lo manual y lo digital.

Existe convivencia.

Y es precisamente en ese territorio compartido donde Olga Burkard ha encontrado una voz propia dentro del arte contemporáneo.

“No veo disciplinas separadas; son herramientas dentro de una misma práctica artística.”
— Olga Burkard

 

Cuando la vida cambió el rumbo

Hasta hace pocos años, Olga Burkard disfrutaba de una carrera consolidada en el diseño. Había construido una agencia exitosa en Ginebra dedicada al diseño y la comunicación, y profesionalmente todo parecía estar en equilibrio.

Sin embargo, un acontecimiento personal transformó por completo su manera de entender el tiempo.

Poco antes de la pandemia, sus padres viajaron desde México para vivir con ella en Suiza. Olga tuvo la oportunidad de acompañarlos durante la última etapa de sus vidas y de presenciar una despedida que recuerda con profunda serenidad.

“No fue un drama; fue el final de una historia de amor.”

Aquella experiencia la llevó a hacerse una pregunta que cambiaría su futuro:

¿Qué quiero hacer con el tiempo que me queda?

Olga Burkard contempla una de las obras de su exposición
La artista visual suizo-mexicana Olga Burkard observa una de las obras de la serie Coexistencia, donde explora el diálogo entre pintura, dibujo digital y formas orgánicas. Imagen cortesía de Olga Burkard mediante Galería Claroscuro.

 

 

Doscientos días para volver a crear

La respuesta llegó de manera sencilla.

Se propuso dibujar todos los días.

Durante doscientas jornadas consecutivas dedicó una o dos horas diarias a crear, sin un objetivo comercial ni una exposición en el horizonte.

Solo quería volver a aprender.

Volver a jugar.

Volver a observar.

Aquellos dibujos se convirtieron en un diario visual donde registró emociones, pensamientos y personas que encontraba en la calle.

“Al terminar los 200 días entendí que esto era lo que quería hacer.”

Ese proyecto marcó el verdadero inicio de su trayectoria artística.

 

“Quiero volver a ser principiante.”
— Olga Burkard

 

Volver a ser principiante

Aunque dominaba el lenguaje del diseño, Olga sintió la necesidad de abandonar la comodidad de aquello que conocía perfectamente.

Quería experimentar.

Equivocarse.

Aprender desde cero.

“Quiero volver a ser principiante.”

La frase resume una actitud que atraviesa toda su producción reciente.

En lugar de repetir fórmulas exitosas, decidió buscar territorios desconocidos donde el resultado no estuviera garantizado.


Olga Burkard observa sus pinturas durante el proceso creativo para la exposición presentada en Galería Claroscuro.
Olga Burkard revisa sus obras en el estudio como parte de una investigación artística que integra pintura, fotografía y dibujo digital. Fotografía: Cortesía de Galería Claroscuro.

 

El error como herramienta creativa

En la conversación surgió un tema que ambos compartíamos: el error.

Mientras hablábamos sobre pintura, coincidimos en que muchas veces los hallazgos más importantes aparecen precisamente cuando las cosas dejan de salir como estaban planeadas.

Para Olga, la pintura representa ese territorio donde el control desaparece.

Mientras el entorno digital permite corregir casi cualquier decisión, el gesto pictórico introduce azar, materia y sorpresa.

“Una acción me lleva a la siguiente.”

La obra deja de responder a un plan rígido y comienza a dialogar con el proceso mismo.

“Lo más importante que he aprendido es que no todo está en mis manos.”

Más que una reflexión sobre el arte, esa frase resume una filosofía de vida.

Obra abstracta de Olga Burkard que integra pintura, fotografía y dibujo digital, presentada por Galería Claroscuro.
Las composiciones más recientes de Olga Burkard integran pintura, fotografía y dibujo digital para construir paisajes abstractos donde distintas estructuras visuales coexisten y se transforman. Fotografía: Cortesía de Galería Claroscuro.

 

“Lo más importante que he aprendido es que no todo está en mis manos.”
— Olga Burkard

 

La coexistencia como metáfora de vida

Si hubiera que resumir toda la investigación de Olga Burkard en una sola idea, probablemente sería esta:

La coexistencia.

Al principio ese concepto surgía únicamente como una manera de explicar la relación entre fotografía, dibujo digital y pintura.

Con el tiempo comprendió que hablaba también de su propia historia.

México y Suiza.

Arte y ciencia.

Diseño y pintura.

Orden e intuición.

Tecnología y gesto.

Nada de eso compite.

Todo puede convivir.

“Uno más uno somos más que dos.”
— Olga Burkard

Su obra propone justamente esa posibilidad: entender que las diferencias no tienen por qué convertirse en fronteras.

Pueden convertirse en encuentros.

Sistemas Vivos: cuando la imagen se convierte en un organismo

La exposición Sistemas Vivos: ecologías de la imagen, presentada por Galería Claroscuro, reúne el momento más significativo de la investigación artística que Olga Burkard ha desarrollado durante los últimos años.

Más que una retrospectiva, la muestra funciona como un punto de encuentro entre distintas etapas de su proceso creativo.

Por un lado, aparecen obras donde el dibujo digital, la fotografía y la pintura conviven en impresiones que evocan organismos imaginarios. Por otro, se presentan piezas originales en las que la pintura interviene directamente sobre esas imágenes, permitiendo que el azar, la materia y el gesto transformen el resultado final.

El recorrido permite observar cómo un mismo lenguaje evoluciona sin perder su esencia.

 

De los especímenes a las atmósferas

Durante nuestra conversación, Olga explicó que muchas de las obras realizadas en los últimos años surgieron como una especie de “especímenes” visuales.

Formas abstractas que recuerdan células, organismos, semillas, raíces o estructuras biológicas, pero que en realidad pertenecen a un universo completamente imaginario.

En sus obras más recientes, esos organismos abandonan el aislamiento.

Ahora habitan un espacio.

Respiran dentro de una atmósfera.

La pintura genera climas, transparencias y capas que modifican por completo la percepción de aquellas primeras estructuras digitales.

La imagen deja de ser un objeto para convertirse en un ecosistema.


Detalle de una obra de Olga Burkard donde convergen impresión digital, fotografía y pintura en una composición abstracta.
En su práctica reciente, Olga Burkard superpone impresión digital, fotografía y pintura para construir superficies donde cada lenguaje visual transforma al otro. Fotografía: Cortesía de Galería Claroscuro.

 

 

Habitar la obra

Uno de los aspectos más interesantes de la conversación surgió cuando hablamos del espectador.

Le pregunté si esperaba que las personas entendieran sus obras.

Su respuesta fue inmediata.

“No.”

Lo que realmente desea es que el público permanezca un poco más de tiempo frente a ellas.

Que observe.

Que deje trabajar a la imaginación.

Que encuentre sus propias asociaciones.

Durante una exposición reciente en Suiza, los visitantes le compartieron interpretaciones completamente distintas.

Algunos descubrían paisajes.

Otros veían organismos marinos.

Algunos encontraban mapas.

Otros hablaban de alas, raíces o constelaciones.

Todas esas lecturas eran válidas.

Porque ninguna obra busca imponer una única respuesta.


Detalle de una obra de Olga Burkard donde se aprecian múltiples capas de pintura, fotografía e impresión digital.
Las múltiples capas que conforman cada obra revelan nuevas relaciones entre formas, color y materia, invitando al espectador a descubrir distintos niveles de lectura con cada observación. Fotografía: Cortesía de Galería Claroscuro.

 

El arte como espacio de encuentro

En un momento donde la tecnología suele presentarse como una amenaza para la creación artística, Olga Burkard propone una mirada distinta.

No entiende la inteligencia artificial, el dibujo digital o la pintura como territorios enfrentados.

Los entiende como herramientas.

Lo importante no es el medio.

Lo importante es la intención.

“La creatividad humana puede trabajar con cualquier herramienta.”

Quizá esa sea una de las reflexiones más actuales de su trabajo.

Su obra no intenta demostrar la superioridad de una técnica sobre otra.

Nos recuerda que toda innovación adquiere sentido cuando amplía nuestra capacidad de observar, imaginar y relacionarnos con el mundo.

 

Galería Claroscuro: un espacio para el diálogo

La presentación de Sistemas Vivos: ecologías de la imagen en Galería Claroscuro representa un momento importante dentro de la trayectoria de Olga Burkard.

La exposición coincide con una etapa de consolidación internacional de su trabajo y con un periodo de intensa actividad entre Suiza y México.

Más que una muestra individual, la exposición propone una experiencia de observación pausada, donde cada obra invita a descubrir nuevas relaciones entre materia, imagen y percepción.

Esta exposición se integra al creciente panorama de exposiciones de arte contemporáneo que hemos documentado recientemente en The Book of Life Magazine.

Invitación oficial de la exposición Sistemas Vivos: ecologías de la imagen de Olga Burkard en Galería Claroscuro, Ciudad de México.
Invitación oficial de Sistemas Vivos: ecologías de la imagen, exposición de Olga Burkard en Galería Claroscuro. Imagen cortesía de Galería Claroscuro.

 

Esta exposición permite seguir la evolución de una artista que ha decidido asumir el riesgo de abandonar la certeza para seguir aprendiendo.

Volver a ser principiante.

Aceptar el error.

Confiar en el proceso.

Y entender que la transformación solo ocurre cuando distintos sistemas encuentran la manera de convivir.

Olga Burkard junto a una de las obras de la exposición Sistemas Vivos: ecologías de la imagen en Galería Claroscuro.
Olga Burkard junto a una de las piezas que integran Sistemas Vivos: ecologías de la imagen. Su investigación propone nuevas formas de convivencia entre pintura, fotografía y dibujo digital. Fotografía cortesía de Galería Claroscuro.

 

Aprender a ver, una vez más

Mientras terminaba nuestra conversación, volví a pensar en aquella frase que escuchó siendo estudiante en Basilea y que, sin saberlo, terminaría acompañando toda su trayectoria:

“Aquí van a aprender a ver.”

Quizá esa sea también la invitación que Olga Burkard hace al público.

Vivimos rodeados de imágenes que consumimos en cuestión de segundos. Deslizamos pantallas, acumulamos estímulos y rara vez permanecemos el tiempo suficiente frente a una obra para dejar que ésta nos transforme.

Las piezas que integran Sistemas Vivos: ecologías de la imagen proponen exactamente lo contrario.

Invitan a desacelerar.

A observar.

A descubrir cómo un punto puede convertirse en un organismo, cómo una línea puede sugerir un paisaje y cómo la pintura, la fotografía y el dibujo digital dejan de ser disciplinas independientes para convertirse en un solo lenguaje.

Pero, sobre todo, nos recuerdan que la creatividad nace del encuentro.

Entre personas.

Entre culturas.

Entre ideas.

Entre aquello que creemos conocer y aquello que todavía somos capaces de imaginar.

Después de conversar con Olga Burkard comprendí que su obra no habla únicamente de formas abstractas ni de tecnología. Habla de la posibilidad de convivir sin perder nuestra identidad; de aceptar que una misma historia puede construirse desde distintos lugares y que la transformación ocurre precisamente cuando dejamos espacio para que otras miradas dialoguen con la nuestra.

En tiempos donde el mundo parece insistir en las diferencias, su trabajo propone una reflexión silenciosa pero profundamente vigente: reconocer que la diversidad no es una fractura, sino una oportunidad para construir algo nuevo.

Quizá por eso sus imágenes no buscan ofrecer respuestas definitivas.

Prefieren sembrar preguntas.

Y eso, en el arte, suele ser mucho más valioso.

Cuando las puertas de Galería Claroscuro se abran para recibir esta exposición, cada visitante encontrará una lectura distinta. Habrá quienes descubran células, mapas, jardines, corrientes de agua o constelaciones. Otros simplemente se dejarán llevar por el color, la textura y el ritmo de las formas.

Todas esas interpretaciones serán legítimas.

Porque la obra de Olga Burkard no exige una única manera de ser comprendida.

Solo pide algo que hoy resulta cada vez más escaso:

Detenerse.

Mirar.

“Aquí van a aprender a ver.”

Aquella frase escuchada hace décadas en Basilea sigue viva en cada una de las obras de Olga Burkard.

Quizá ese sea el mayor regalo de la obra de Olga Burkard: recordarnos que el arte no solo se observa. También se habita.


Información de la exposición

Sistemas Vivos: ecologías de la imagen
Artista: Olga Burkard
Sede: Galería Claroscuro, Ciudad de México
Fechas: Del 23 de julio al 20 de agosto de 2026

Conoce más sobre Olga Burkard en su sitio oficial.

Conoce la programación de Galería Claroscuro.

Descubre la tradición del diseño suizo en la Basel School of Design.


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Conoce más sobre otras exposiciones, museos, artistas y proyectos de arte contemporáneo en The Book of Life Magazine. Este artículo forma parte de nuestro archivo editorial dedicado a documentar la creación artística en México y el mundo.

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