Fachada del MALBA durante la exposición VIVA FRIDA en Buenos Aires

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VIVA FRIDA en MALBA: una conversación con Elina Costantini

La exposición VIVA FRIDA reúne en Buenos Aires objetos personales, textiles y obras de Frida Kahlo. En conversación con The Book of Life Magazine, Elina Costantini reconstruye el origen del proyecto, su relación con México y los descubrimientos que marcaron más de tres años de trabajo entre la Casa Azul y el MALBA.

Hay artistas cuya obra difícilmente puede separarse de su biografía. Con Frida Kahlo ocurre algo particular: su cuerpo, su casa, su forma de vestir, sus relaciones y los objetos de su vida cotidiana terminaron formando parte de un mismo universo visual.

Ese territorio es el que explora VIVA FRIDA en MALBA, una exposición donde objetos personales conservados en la Casa Azul dialogan con pinturas, fotografías y documentos para ofrecer nuevas aproximaciones a una de las artistas fundamentales del siglo XX.

Pero detrás de la llegada de Frida Kahlo a Buenos Aires existe también una historia personal: la de Elina Costantini, directora del proyecto, cuya relación con México y con la artista se remonta a muchos años antes de esta exposición.

Durante nuestra conversación, Costantini habla del origen de VIVA FRIDA, de los tres años y medio necesarios para concretarla, de una carta que se convirtió en una referencia personal y de los textiles que permiten descubrir otras dimensiones de Frida Kahlo.

Su relato abre además preguntas sobre la memoria, los archivos y las relaciones culturales que continúan construyéndose entre México y Argentina.

El origen de VIVA FRIDA en MALBA: de la Casa Azul a Buenos Aires

Para Elina Costantini, VIVA FRIDA comenzó con una pregunta durante una de sus visitas a la Casa Azul: ¿por qué no llevar una exposición de Frida Kahlo a Argentina?

La idea surgió de una relación construida a lo largo del tiempo. Costantini había vivido en México, conocía el museo y sentía una admiración especial por Frida. También había visitado una exposición dedicada a la artista en Londres, aunque no imaginaba entonces que terminaría impulsando un proyecto de semejante dimensión en Buenos Aires.

En nuestra conversación recuerda que el equipo de la Casa Azul conocía su trabajo al frente de la Semana de la Alta Costura Argentina. Cuando apareció la posibilidad de organizar la muestra, la propuesta le resultó difícil de creer.

Lo que siguió fue un proceso de aproximadamente tres años y medio de trabajo junto con el Museo Frida Kahlo.

Perla Labarthe, Elina Costantini, Circe Henestrosa, Gannit Ankori y Eduardo Costantini durante la presentación de VIVA FRIDA en el MALBA.
Presentación de la exposición VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires. De izquierda a derecha: Perla Labarthe Álvarez, directora del Museo Frida Kahlo; Elina Costantini, directora del proyecto; Circe Henestrosa, curadora; Gannit Ankori, asesora curatorial; y Eduardo Costantini, fundador del MALBA. Fotografía: cortesía del Museo Frida Kahlo.

La coordinación institucional, la investigación, los préstamos, el traslado de las piezas y el montaje exigieron un esfuerzo que adquirió otra dimensión cuando finalmente pudo contemplar los materiales reunidos en las salas del MALBA.

Costantini también recuerda su propuesta de llamar a la exposición VIVA FRIDA.

El título responde a una convicción: su interés por Kahlo no se limita a las dificultades que atravesó, sino que se concentra en la capacidad de transformar su experiencia personal en una obra artística.

La exposición, organizada por la Semana de la Alta Costura Argentina y el Museo Frida Kahlo, cuenta con curaduría de Circe Henestrosa y asesoría de Gannit Ankori. Su presentación en MALBA forma parte de las celebraciones por los 25 años del museo.

La carta de París que se volvió una guía

Entre los objetos vinculados con la exposición, uno ocupa un lugar especialmente significativo para Elina Costantini.

No es un vestido ni una de las imágenes más reconocibles de Frida Kahlo. Es una carta enviada a Diego Rivera desde París.

Durante nuestra conversación, Costantini recuerda que la correspondencia describe contratiempos de aquella estancia y las relaciones que permitieron a Frida desenvolverse en el ambiente artístico parisino.

Lo que inicialmente le interesó como documento histórico terminó adquiriendo un significado personal.

A lo largo del proceso de producción de VIVA FRIDA, Elina regresaba a esa carta cuando aparecían dificultades. Encontraba en ella a una artista que también debía resolver problemas, atravesar incertidumbres y apoyarse en otras personas para continuar.

La correspondencia se convirtió así en una referencia durante el desarrollo del proyecto.

Su testimonio permite comprender una dimensión particular de la exposición: los objetos no solamente conservan información sobre una vida. También pueden establecer relaciones inesperadas con quienes los estudian y vuelven a interpretarlos.

Una carta escrita décadas atrás puede adquirir un nuevo significado en manos de alguien que intenta llevar a cabo un proyecto cultural en otro país.

Visitante frente a un muro expositivo con una carta de Frida Kahlo desde París y documentos de archivo en la muestra VIVA FRIDA del MALBA.
La correspondencia de Frida Kahlo desde París forma parte del recorrido documental de VIVA FRIDA en el MALBA. Fotografía: Alejandro Guyot cortesía de MALBA.

Los libros de moda y la construcción de una imagen

Al preguntarle qué descubrió durante la preparación de VIVA FRIDA que antes desconociera, Costantini menciona los libros de moda que pertenecieron a Frida Kahlo.

Sabía de su interés por la indumentaria, pero encontrar esos volúmenes le permitió aproximarse a las referencias visuales que pudieron formar parte de su universo creativo.

Visitantes observan una vitrina con indumentaria mexicana durante la exposición VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires.
Vista de la instalación central de indumentaria de VIVA FRIDA en el MALBA, Buenos Aires. Fotografía: Valentina Marozzi y Diego Neumann. Cortesía de MALBA.

La observación conduce a una cuestión fundamental: la imagen de Frida no fue solamente consecuencia de una personalidad reconocible, sino también de decisiones sobre cómo vestirse, fotografiarse y presentarse ante los demás.

Los vestidos tehuanos, los huipiles, los rebozos, las joyas y los accesorios forman parte de esa construcción.

Collares dorados y colgantes exhibidos sobre un busto en la exposición VIVA FRIDA del MALBA en Buenos Aires.
Collares y accesorios exhibidos en VIVA FRIDA, MALBA, Buenos Aires. Foto: Valentina Marozzi y Diego Neumann. Cortesía de MALBA..

En VIVA FRIDA, la indumentaria se presenta junto con pinturas, fotografías, documentos y objetos personales conservados en la Casa Azul. Esa relación permite observar cómo el vestido intervino en la representación de la identidad y en la experiencia corporal de la artista.

La propuesta curatorial de Circe Henestrosa invita a reconocer que las prendas no son simples complementos de una biografía.

Son también documentos culturales.

A través de ellas pueden examinarse elecciones estéticas, vínculos con tradiciones mexicanas y formas de autorrepresentación que posteriormente se convertirían en elementos fundamentales de la iconografía de Frida Kahlo.

 

Los textiles mexicanos: identidad y memoria

La conversación con Elina Costantini sobre los vestidos de Frida nos condujo hacia otro territorio: el de las comunidades y los conocimientos que existen detrás de los textiles mexicanos.

Costantini habla del estudio realizado junto con Circe Henestrosa y de su interés por comprender mejor la procedencia de las prendas, sus materiales y las tradiciones de las que forman parte.

Los huipiles, faldones y rebozos abren preguntas que van más allá de su belleza formal.

¿Quién los elaboró? ¿Qué técnicas se utilizaron? ¿Qué significados conservan sus bordados? ¿Cómo se transmiten esos conocimientos entre generaciones?

Durante nuestra conversación compartí algunas experiencias fotografiando y dialogando con mujeres tejedoras en Chiapas, donde los textiles pueden expresar relaciones con el territorio, las flores, los ciclos de la vida cotidiana y las historias de una comunidad.

Esa experiencia permite comprender por qué una prenda no debería reducirse a un objeto decorativo.

Detrás de ella existen conocimientos, decisiones, técnicas y memorias que merecen ser documentados.

La presencia de estos textiles en una exposición internacional también plantea la necesidad de reconocer a las comunidades que mantienen vivas sus tradiciones.

En ese sentido, VIVA FRIDA puede abrir una conversación más amplia sobre patrimonio cultural, creación textil y las relaciones entre la indumentaria y la identidad.

Vestido rosa y crema con encajes y tocado blanco, exhibido sobre un maniquí en la exposición VIVA FRIDA del MALBA.
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Detalle de la indumentaria presentada en VIVA FRIDA, MALBA, Buenos Aires. Fotografías: Valentina Marozzi y Diego Neumann. Cortesía de MALBA.

 

El cuerpo como territorio

La relación entre Frida Kahlo y su indumentaria también debe comprenderse a partir de su experiencia corporal.

Los corsés y dispositivos médicos conservados entre sus pertenencias hablan de las consecuencias físicas que acompañaron buena parte de su vida.

 

Sin embargo, reducir su historia al sufrimiento sería insuficiente.

Al presentar esos objetos junto con vestidos, joyería, cosméticos, fotografías y pinturas, la exposición permite observar distintas maneras en que Frida habitó y representó su cuerpo.

El cuerpo que necesitaba apoyo médico era también el cuerpo que elegía cómo vestirse, cómo aparecer frente a una cámara y cómo transformarse en imagen mediante la pintura.

Durante la entrevista, Costantini insiste en que la exposición no fue concebida desde el dolor.

Su interés se dirige hacia la capacidad de Frida para afirmarse como artista y construir una identidad propia.

Esta perspectiva no elimina las dificultades que atravesó. Permite, más bien, observarlas dentro de una vida creativa mucho más amplia.

Corsés ortopédicos y calzado exhibidos en una sala azul de la exposición VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires.
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Corsés ortopédicos y objetos personales presentados en VIVA FRIDA, MALBA, Buenos Aires. Fotografía cortesía de MALBA.

Los objetos frente a las pinturas

Uno de los aspectos más interesantes de VIVA FRIDA es el diálogo entre los objetos personales y las obras de arte.

Vista de la exposición VIVA FRIDA en el MALBA, con obras y elementos de indumentaria relacionados con Frida Kahlo.
Obras y objetos presentados en la exposición VIVA FRIDA, en el MALBA de Buenos Aires. Fotografías: Valentina Marozzi y Diego Neumann. Cortesía de MALBA.

La exposición establece un diálogo con dos pinturas fundamentales de Frida Kahlo: Autorretrato con chango y loro (1942) y Diego y yo (1949), pertenecientes a la Colección MALBA–Costantini. A ellas se suma la litografía Sin título (El aborto) (1932), de la colección de Eduardo y Elina Costantini.

Su presencia permite observar cómo experiencias, relaciones e imágenes personales encontraron diferentes formas de expresión en la pintura.

Cuando los cuadros se presentan junto a vestidos, fotografías, cartas y objetos cotidianos, la separación entre arte y biografía comienza a hacerse menos evidente.

El cuerpo representado en los autorretratos puede relacionarse con el cuerpo que utilizó aquellas prendas. Las cartas aportan otras perspectivas sobre los vínculos personales que aparecen en la obra. Las fotografías permiten reconocer decisiones sobre la construcción de una imagen pública.

Los objetos dejan entonces de funcionar únicamente como testimonios de una vida privada.

Se convierten en materiales que amplían nuestra comprensión de la obra artística.

 

Una historia que también se lleva puesta

Para Elina Costantini, los textiles mexicanos tienen además una dimensión personal.

Durante nuestra conversación describe la experiencia de vestir algunas de estas prendas como una forma de acercarse a una historia que le inspira respeto.

Su relación con México se construyó durante los años en que vivió en el país, a través de sus visitas a la Casa Azul y de su contacto con el arte mexicano.

Ese vínculo también adquiere una dimensión espiritual, que expresa como una vivencia propia.

Costantini habla de Frida con una cercanía que va más allá de la admiración por una artista. La describe como una presencia que la ha acompañado durante distintas etapas de su vida.

Su testimonio permite comprender la emoción con la que aborda VIVA FRIDA, sin confundir esa experiencia personal con la investigación histórica y curatorial que sostiene la exposición.

También revela una de las razones por las que Frida Kahlo continúa estableciendo relaciones con públicos muy distintos.

Su obra no ofrece una única interpretación.

Puede ser observada desde la historia del arte, la identidad, el cuerpo, la fotografía, la indumentaria, la memoria y la experiencia individual.

La memoria de quienes conocieron a Frida

Otro de los proyectos que Elina Costantini comparte durante nuestra conversación es la entrevista que realizó con Arturo Estrada, alumno de Frida Kahlo.

Visitante fotografía un retrato de Frida Kahlo durante la exposición VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires.
Una visitante observa y fotografía un retrato de Frida Kahlo en la exposición VIVA FRIDA, presentada en el MALBA de Buenos Aires. Fotografías: Valentina Marozzi y Diego Neumann. Cortesía de MALBA.

Escuchar a alguien que conoció personalmente a la artista y pudo recordar su experiencia como estudiante representa una forma distinta de aproximarse a su historia.

Los testimonios orales conservan detalles que no siempre aparecen en los documentos institucionales.

Una manera de hablar, una experiencia de aprendizaje, una relación entre maestro y alumno o un recuerdo cotidiano pueden ampliar la comprensión de una figura histórica.

Costantini también menciona cartas vinculadas con Raquel Tibol y fotografías que forman parte de los materiales reunidos junto con Eduardo Costantini.

Le interesa especialmente la cercanía afectiva que puede reconocerse en esos intercambios.

Su relato plantea otra pregunta: ¿cómo transformar la conservación de un archivo privado en una oportunidad de conocimiento público?

Para The Book of Life Magazine, esta conversación abre una línea editorial que merece continuidad: documentar las voces, los archivos y las relaciones que permiten conocer a Frida Kahlo desde perspectivas concretas.

La memoria personal requiere contexto, contraste y cuidado documental, pero puede conservar una cercanía que otras fuentes no siempre ofrecen.

 

Un vínculo con México que continúa en 2027

La conversación con Elina Costantini también mira hacia el futuro.

En 2027 se conmemorarán los 120 años del nacimiento de Frida Kahlo, una fecha que ofrece nuevas oportunidades para estudiar y difundir su legado.

Costantini adelanta que ella y Eduardo Costantini contemplan prestar obras a la Casa Azul y participar en las celebraciones.

Se trata de planes mencionados durante nuestra entrevista, cuyos detalles, piezas y calendario deberán confirmarse con las instituciones correspondientes.

La intención de mantener ese intercambio permite observar que VIVA FRIDA no necesariamente concluye con el cierre de la exposición en Buenos Aires.

El proyecto forma parte de una relación cultural más amplia entre México y Argentina.

Museos, colecciones, especialistas y equipos de trabajo colaboran para que las obras y los documentos puedan encontrarse con nuevos públicos.

En el relato de Costantini, la Casa Azul permanece como el punto al que esa relación vuelve una y otra vez.

Mirar nuevamente a Frida

VIVA FRIDA habla de una artista cuya imagen se ha reproducido innumerables veces alrededor del mundo.

Conocemos su rostro, sus flores, sus vestidos y sus autorretratos.

Esa familiaridad puede producir una impresión engañosa: creer que ya conocemos a Frida Kahlo.

Sin embargo, encontrarnos con un vestido, una carta, un corsé, un libro o una fotografía permite recuperar algo de la escala humana que existe detrás de una figura convertida en icono.

Visitantes observan obras en una sala azul de la exposición VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires.
Visitantes recorren una sala de VIVA FRIDA en el MALBA de Buenos Aires, bajo la frase «El amor es la base de toda la vida». Fotografía: cortesía del Museo Frida Kahlo.

La conversación con Elina Costantini añade otra dimensión a esa experiencia.

Su historia muestra cómo una exposición puede surgir de una relación personal, transformarse en un proyecto institucional y abrir nuevas preguntas sobre el patrimonio, la memoria y los vínculos entre países.

También recuerda que los objetos no permanecen inmóviles en su significado.

Cada nueva investigación, cada testimonio y cada encuentro con el público puede ampliar nuestra manera de comprenderlos.

Quizá por eso regresar a Frida continúa teniendo sentido.

No para confirmar una imagen que ya conocemos, sino para descubrir las experiencias, decisiones y contradicciones que existen detrás de ella.

Volver a mirar.

No solamente a Frida Kahlo, la artista.

También a la mujer detrás de la imagen.

 


Para visitar VIVA FRIDA

Sede: MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Avenida Figueroa Alcorta 3415, Buenos Aires, Argentina.

Fechas: Del 20 de septiembre de 2026 al 15 de marzo de 2027.

Dirección del proyecto: Elina Costantini.

Curaduría: Circe Henestrosa.

Asesoría curatorial: Gannit Ankori.

Organización: Semana de la Alta Costura Argentina y Museo Frida Kahlo, en colaboración con MALBA.

Para conocer horarios, entradas y condiciones de acceso, consultar el sitio oficial del museo.

Entrevista y texto: Alejandro Carballo / The Book of Life Magazine.

Fuente principal: Entrevista con Elina Costantini realizada el 19 de octubre de 2026.

Información institucional: MALBA y Museo Frida Kahlo–Casa Azul.

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