- Alejandro Carballo
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- Puebla
Arte • Cultura • Museos • Patrimonio
El hogar que habito: cuerpo, memoria y territorio en el Museo Amparo
El hogar que habito en el Museo Amparo reúne obras de 60 artistas de México y América Latina para reflexionar sobre el cuerpo, la memoria, el espacio doméstico, las estructuras coloniales y los territorios que compartimos con otras especies.
El hogar que habito en el Museo Amparo parte de una idea tan íntima como universal: antes de habitar una dirección, habitamos un cuerpo. También vivimos en la lengua con la que nombramos el mundo, en la memoria depositada en los objetos y en los territorios que compartimos con otras personas y especies. Desde esta perspectiva, la exposición El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA reúne obras de la Colección FEMSA para ampliar la noción de hogar y desplazarla desde lo corporal y doméstico hacia lo social, histórico y colectivo.
Esta muestra presenta obras de 60 artistas de México y América Latina y podrá visitarse del 26 de septiembre de 2026 al 25 de enero de 2027. El proyecto curatorial fue desarrollado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez, curadores de la Colección FEMSA, y se articula mediante cinco núcleos temáticos dedicados al cuerpo, las tensiones del territorio, las estructuras coloniales, el espacio doméstico y la interdependencia con otras formas de vida.
La exposición fue presentada en rueda de prensa por Ramiro Martínez Estrada, director ejecutivo del Museo Amparo; Laura Pacheco, gerente de Colección FEMSA y Bienal FEMSA; y las curadoras Eugenia Braniff y Paulina Bravo. Posteriormente, Braniff y Bravo condujeron el recorrido por las salas y explicaron las relaciones entre las obras y los ejes temáticos. El equipo curatorial está integrado por Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez.
La memoria como puerta de entrada
El recorrido comienza en el vestíbulo con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández. La instalación está formada por 68 bules de calabaza intervenidos con obsidiana, oro, cera, caracoles, grafito, pigmentos, cobre y barro, además de cuerda de henequén y audio. La obra introduce una de las ideas que atraviesan la muestra: la lengua no sólo sirve para describir la realidad, también organiza nuestra experiencia y determina buena parte de la manera en que nos relacionamos con el mundo.
Adquirida en la 15 Bienal FEMSA, la pieza enlaza materia, memoria y territorio. Los bules dejan de funcionar como objetos aislados para formar una red suspendida en el espacio, una estructura que sugiere circulación, transmisión y pertenencia. Así, el visitante entra a la exposición no por medio de una definición cerrada de hogar, sino mediante una experiencia de vínculos.
Imagen destacada: Ana Hernández, Redasilú (Vendrá la memoria), 2024. Colección FEMSA. Imagen cortesía del Museo Amparo y Colección FEMSA.
Desde y hacia el cuerpo
El primero de los cinco núcleos entiende el cuerpo como el territorio inicial que habitamos y como el medio que permite sentir, desplazarnos, recordar y relacionarnos. El cuerpo aparece como frontera entre interior y exterior, pero también como una superficie atravesada por la identidad, el deseo, la protección y la vulnerabilidad.
En Coraza (2), de Magali Lara, una figura central pintada al óleo se prolonga mediante una intervención mural de grandes trazos negros. La imagen parece desbordar los límites del lienzo y expandirse sobre la arquitectura. La obra pregunta dónde termina el cuerpo y dónde comienza aquello que lo protege, lo contiene o lo amenaza.

Fragmentos y tensiones
Por otra parte, el territorio deja de ser un fondo inmóvil y aparece como un espacio producido por relaciones de poder. Las fronteras, los desplazamientos y las transformaciones del paisaje determinan quién puede habitar un lugar, recorrerlo o reclamarlo como propio.

Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, reúne materiales encontrados en el desierto de Sonora para abordar la migración, la violencia y la frontera. Aquello que podría leerse como residuo adquiere valor documental: cada fragmento señala experiencias humanas y conflictos que el paisaje, contemplado a distancia, podría ocultar.
Las estructuras coloniales y las identidades invisibilizadas
Asimismo, la exposición examina la permanencia de las estructuras coloniales en las formas de clasificar y jerarquizar cuerpos, saberes y territorios. El núcleo Estructuras coloniales: sobre la invisibilización de las identidades muestra que habitar implica preguntarse quién ha tenido derecho a ser visible, nombrado y reconocido dentro de una historia compartida.
La Artesa que vino del mar, de Aydeé Rodríguez López, recupera historias y memorias de comunidades afromexicanas. Su presencia en el recorrido cuestiona las narrativas que han relegado estas experiencias y propone comprender el territorio desde voces que durante mucho tiempo quedaron fuera de los relatos dominantes.
El territorio doméstico
Cocinas, habitaciones y baños son escenarios de intimidad, pero también espacios donde se distribuyen responsabilidades y se hacen visibles diferencias sociales, económicas y de género. En este núcleo, la casa funciona simultáneamente como refugio, archivo afectivo y estructura de poder.
Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, reconstruye una cocina regiomontana de la década de 1950 a partir de recuerdos familiares y objetos que pertenecieron a su abuela. La instalación muestra cómo la memoria doméstica puede conservarse en muebles, utensilios y hábitos cotidianos. Al mismo tiempo, permite interrogar los papeles familiares y las formas de vida asociadas a una época determinada.
Habitar el mundo
Finalmente, el último núcleo amplía la reflexión más allá de la experiencia humana. Habitar el mundo aborda el cuidado, la reciprocidad y la interdependencia con la naturaleza y con otras especies. La exposición recuerda que ningún hogar existe aislado: toda forma de vida depende de redes biológicas, materiales y sociales que la sostienen.
En Andrómeda 7, 60, Tomás Saraceno investiga las redes que conectan a distintas formas de vida con su entorno. La pieza contribuye a imaginar el territorio no como una propiedad o una superficie disponible, sino como un sistema de relaciones frágiles y cambiantes.

El hogar que habito en el Museo Amparo: dos colecciones y dos aniversarios
La presentación ocurre en un momento significativo para ambas instituciones. El Museo Amparo celebra 35 años de trabajo dedicado a conservar, investigar, exhibir y divulgar el arte prehispánico, virreinal, moderno y contemporáneo de México. Al mismo tiempo, la Colección FEMSA desarrolla un programa de proyectos rumbo a su 50 aniversario.
Fundada en 1977, la Colección FEMSA consolidó sus primeros núcleos en el Museo de Monterrey, activo entre 1977 y 2000. Tras el cierre de esa etapa, adoptó un carácter itinerante y amplió su presencia mediante colaboraciones con museos y organizaciones culturales. De este modo, la exposición en Puebla continúa esa vocación y pone en contacto dos acervos que pueden visitarse simultáneamente desde perspectivas distintas.
El diálogo con el Museo Amparo no es sólo institucional. El edificio, formado por espacios de distintas épocas e intervenido desde la arquitectura contemporánea, refuerza la transición entre interior y exterior, memoria y presente, experiencia individual y territorio compartido. La arquitectura acompaña así el argumento curatorial y convierte el desplazamiento físico por las salas en parte de la reflexión sobre el acto de habitar.
Esta revisión institucional dialoga con procesos como los 40 años del Museo Franz Mayer, dedicados a repensar la historia, el patrimonio y el futuro de las colecciones.
Una exposición abierta a la pregunta
La muestra El hogar que habito no propone una definición única. Reúne obras de figuras como Manuel Álvarez Bravo, Leonora Carrington, Fernando Botero, Francisco Toledo, Graciela Iturbide, Wifredo Lam, José Clemente Orozco, Zilia Sánchez, Liliana Porter y Tomás Saraceno, junto con artistas de generaciones y contextos diversos, para construir una lectura plural del arte latinoamericano.
En conjunto, su mayor fuerza está en mostrar que el hogar puede proteger, pero también excluir; puede conservar la memoria y, al mismo tiempo, revelar silencios históricos. El territorio puede ofrecer pertenencia, aunque también esté marcado por desplazamientos, fronteras y disputas. Habitar, desde esta perspectiva, no consiste simplemente en ocupar un espacio: implica reconocer los vínculos, contradicciones y responsabilidades que nos conectan con aquello que nos rodea.
Preguntas frecuentes sobre El hogar que habito
¿Qué es El hogar que habito?
La exposición El hogar que habito reúne obras de 60 artistas de México y América Latina para reflexionar sobre el cuerpo, la memoria, la casa, el territorio y la relación con otras especies.
¿Dónde se presenta la exposición?
Puede visitarse en el Museo Amparo, ubicado en el Centro Histórico de Puebla.
¿Quiénes realizaron la curaduría?
Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez, integrantes del equipo curatorial de la Colección FEMSA, desarrollaron la curaduría.
¿Hasta cuándo puede visitarse?
La muestra estará abierta del 26 de septiembre de 2026 al 25 de enero de 2027, de miércoles a lunes, de 10:00 a 18:00 horas.
Información para la visita
- Exposición: El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA
- Sede: Museo Amparo, 2 Sur 708, Centro Histórico, Puebla
- Fechas: 26 de septiembre de 2026–25 de enero de 2027
- Horario: miércoles a lunes, de 10:00 a 18:00 horas; martes cerrado
- Admisión general: $85 MXN
- Entrada gratuita: residentes de Puebla, profesores, estudiantes, niños y adultos mayores; domingos y días festivos
- Curaduría: Eugenia Braniff, Paulina Bravo y Beto Díaz Suárez
- Sitio oficial: Museo Amparo
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